Después de una noche de calores,  me despierto con
un pensamiento. Visa Run. Que es esto? Pues un engorroso trámite por el que
hemos de pasar los extranjeros que residimos en Tailandia pero que no tenemos
aun visado de trabajo. Ir a fichar a una frontera, salir un momentito del país
y volver a entrar? Por qué? No lo sé. Ha llegado un punto en que no trato de
comprender todo lo que me rodea, tan solo lo imprescindible. Últimamente estoy
por no propagar demasiado la entropía que genera mi existencia, así que me he
convertido en un ahorrador energético de primer orden, vamos algo así como un
moderno electrodoméstico clase A.



El caso es que estamos en Mae Sai, la ciudad más al norte
de Tailandia y frontera con Myanmar. Desde aquí se puede pasar al país vecino
pero con muchas restricciones. Los extranjeros únicamente podemos llegar hasta
una ciudad del estado Shan llamada Kentung, a unos 150 Km de distancia. Se ha
de contratar obligatoriamente un guía oficial al que pagar y mantener durante
los días que dure tu estancia y has de volver por el mismo camino, ya que los
oficiales fronterizos de Tachilek, que así se llama el villorrio birmano del
otro lado, se quedan con tu pasaporte por si se te ocurre hacerte el listillo y
no volver. Cosas que tiene esto de vivir entre países vecinos (ríete tú ahora
del mal rollito España-Francia) que no se llevan, que tienen roces o que
simplemente pasan de todo porque ya les va bien a unos pocos que las cosas
continúen como están y el resto ni se entera o ya tampoco se le espera.

Pues bien, hay extranjeros que se han pasado meses con
esta dinámica de ir a fichar a la frontera cada 15 días durante meses, hasta el
punto que hay agencias que te organizan el tema llevándote y trayéndote en un
día a la frontera más cercana para hacer el trámite. En fin, un rollo patatero
de primer orden, que al principio te hace un poco de gracia y después te hace
maldecir todo este rollo de países, fronteras, yo soy rojo, tu azul y el otro
amarillo…

En mi caso el trámite es rápido. Madrugo y por suerte evito colas posteriores
que más tarde veo, de hordas de chinos que traen aquí en buses como trailers
para pasar al otro lado a comprar cosas más baratas que en Tailandia. Todos
contentos. Salgo del país, me sellan el pasaporte, cruzo un puente, un amable
oficial birmano me saluda, sonrisa de oreja a oreja con eso del “Hello Sir…”
tan típico en todas las ex-colonias británicas, me pregunta “Choopin?” le digo
“No, Betoven”, bueno es broma, le digo que no, que no voy a comprar, que only
VISA RUN. Paso a la garita, me estampan dos sellos como dos soles (entrada y
salida) a cambio de 10 dólares y me voy y por donde he vuelto. Todos contentos
otra vez. Entro de nuevo en Tailandia justo a tiempo de pararme a escuchar el
himno nacional. Son las 8 o’clock y a poco más me pilla en el puente que separa
los dos países, en tierra de nadie. Me hubiera tenido que parar si hubiera sido
el caso? Nunca lo sabré. Fin de la historia. En esto ha consistido mi paso por
Myanmar en este 2013. Me quedo con un regustillo de ganas de volver a este país
en el que tanto disfrutamos hace ahora casi dos años. Bueno, pero eso será otra
historia…


La de hoy no va de esto aunque quería comentarlo
por ser la primera vez que tengo que pasar por semejante batallita. Bien, la
cosa hoy va del Triangulo de Oro propiamente dicho. Es decir, hoy llegaremos a
donde oficialmente confluyen las tres fronteras de los tres países que ya hemos
dicho y donde se concentra el turismo que viene a la zona. Salimos de Mae Sai dirección
Sop Ruak, nuestro primer destino de hoy, donde queremos visitar el museo del
Opio. Por el camino, el paisaje es espectacular con campos y más campos de
arroz. Tenemos la suerte de que sea justo ahora la época de recogida de la cosecha
y nos encontramos con cientos de campos encharcados, con gente agachada
trabajando en ellos que nos saludan al vernos cuando paramos. Cada dos por tres
nos detenemos al borde de la cuneta para sacar una foto. “Una fotito (10)
y ya no paro más”, decimos cada vez, pero no podemos evitar continuamente
bajarnos ante las vistas de un paisaje verde y azul, con las nubes reflejándose
en las aguas de los campos, los negros nubarrones a punto de descargar y los
rayos de luz de sol colándose entre las rendijas de las mismas.

Paramos a cada poco
También los campos de maíz tienen su qué. Y esas nubes…

Continuamos el camino y al
llegar al final de una colina, el día nos hace el primer regalo. Vemos a lo
lejos el Mekong, por primera vez, dos años después… El rio mítico y místico
del Sudeste de Asia, 4800 km desde que nace en el altiplano tibetano hasta su
desembocadura en el delta al Sur de Vietnam. Entre medio, este gran rio, octavo
del mundo por longitud recorre China, Myanmar, Tailandia, Laos, Vietnam y
Camboya. Casi nada. Y sobre todo riega y da vida a todos los campos de arroz, maíz,
cereales y toda la naturaleza y vegetación tropical imaginable de esta parte
del mundo. No es raro que aquí lo tengan poco menos que como a un Dios y que
cualquier cambio en su caudal, crecidas o sequias afecte directamente a la vida
y economía de más de 100 millones de personas.
 

Mekong, el reencuentro
Llegamos a Sop Ruak,
“centro oficial” del Triangulo de Oro, que ya tiene delito ya.
Resulta que de todos los lugares que vimos en los 4 días, este es sin duda el más
feo de todos. Y adivina cual es lugar que precisamente visitan todos los
turistas? Efectivamente, ESTE! En fin, lo que hace la gente con tal de hacerse
una foto y decir “He estado”. Pero bueno, allá cada cual. Tenemos un
poco de mala suerte y al ser lunes nos encontramos el Hall of Opium cerrado,
pero a cambio visitamos el coqueto Museo del Opio, que mas modestito está
bastante bien la verdad. Explicaciones del cultivo de la flor de la adormidera,
su producción y explotación, su relación con el trafico de heroína, los usos y
costumbres al fumarlo, la cacharrería para hacerlo, las luchas entre las guerrillas
birmanas de la frontera y el gobierno tailandés para tratar de erradicar su
cultivo durante los últimos 50 años, en fin, todo muy interesante. Nos topamos
con un grupo de compatriotas ya que estamos en pleno julio y ya se sabe lo que
pasa en Julio y Agosto en España (habíamos olvidado que van acompañados por su
habitual escandalera, sobre todo y muy importante, que se note quiénes somos y
que aquí estamos…).
La AEC, una especie de UE a la asiática prevista que eche a andar en 2015
El Lord Buda que preside y bendice el Triángulo

Esta es la foto que se echa todo quisqui. Pues nada, a cumplir…

El infame casino al que van a jugarse la vida
Continuamos. Camino de Chiang
Saen, otra ciudad fronteriza con Laos y por la que llegan muchas mercancías
provenientes de China a través del rio (supongo que todos las miles de tiendas
de “chinos” thais se surte de este mercadeo). Aquí paramos un poco
para comprar un durian entero que nos vamos a comer hoy si o si. Seguro
que Chiang Saen es muy bonita pero son las 3 de la tarde y hace un sol que
hasta los lagartos andan despatarrados, así que nos metemos en un mercado a
comprar fruta y poder resguardarnos un poco. El durian, hoy si, cae!

Oh dios, Durian! Soy feliz! (nótese cual de las dos va con “de”mayúscula jeje)
Calle de Chiang Saen
Seguimos la carretera y tras algunos
apurillos por ir por una carretera en obras, vamos camino de Chiang Khong y
comenzamos a disfrutar de la soledad de una carretera que corre paralela al
Mekong. Nada mejor que ir avanzando, con el aire limpio y fresco resbalando por
la cara, un horizonte enfrente sin más fronteras que la inmensidad de este río
grandioso de color chocolate, avanzando entre las montañas, dando la impresión
de que a veces discurre cansino y lento, otras tan rápido en algunos recodos
que hasta da miedo pensar que pasaría si te cayeras en él…. Un rio de esta
inmensidad, de esta magnitud, con esa anchura puede parecer un gigante dormido
que no se mueve, pero basta fijarse un poco más detenidamente y darse cuenta de
que no, que siempre va mas rápido de lo que parece, con la imagen de ese verde
inagotable mires donde mires y las colinas de Laos al otro lado de la frontera
(Se llamara Laos porque está al otro Lao?, si, ya sé, otro chiste malo…).

De camino paramos en un
precioso templo lleno de lo que yo llamo Budas centinela, estos que están todos
juntitos en fila, con los cuencos de arroz en posición de ofrenda. La imagen
del templo, los Budas, la única presencia de un manso perro (por una vez) y el
río como telón de fondo, hace que paremos a descansar un rato y nos
maravillemos con la paz y magia de este lugar. Puede haber mejor sitio para
comenzar con el Durian?

.

Poco a poco vamos llegando a
Chiang Khong, una villa en la que hace dos años tomamos el barquito para dejar
Tailandia y continuar nuestro viaje por el Mekong
hasta Luang Prabang. En aquel momento Chiang
Khong no me pareció nada del otro mundo, pero esta vez, tras pasar una noche en
un hotelito recién abierto muy chulo  en primera línea de rio y con unos
anfitriones de lo más amables , mi impresión de este lugar ha cambiado
totalmente. Ahora me parece que este lugar bien merece otra visita con más
tiempo, para disfrutar de un paseo por la ribera, de buen alojamiento, buena
comida y unas cervezas en terraza con la omnipresencia de esta arteria aorta,
de este rio de vida que ilumina la tierra allá por donde pasa.
Cenamos
en la terracita de la habitación, observando como poco a poco va oscureciendo
sobre el rio, y las lucecitas de Houey Xai, en lado laosiano, brillan como
puntitos, En realidad estamos tan cerca del país vecino que no sabemos si el
karaoke que comienza a martillearnos en la lejanía, procede de este o del otro
lado de la frontera. Da igual, hoy nada puede enturbiar el final del tercer día
de una experiencia genial en moto por el norte, donde el oro precisamente no está
en el triángulo.
Mekong a lo lejos, primera vista desde lo alto

Uno de los tantos miradores camino de Chiang Khong

Día 4, de Chiang Khong a Chiang Rai, 16.07.2013
El último día, abandonamos el
río para tomar una carretera de interior para volver a Chiang Rai y cerrar el
ciclo que comenzamos el sábado. A pesar de haber dejado el Mekong y las altas
montanas de Mae Salong y Doi Tung, las carreteras ribereñas y los templos impactantes,
este último día nos regala mas paisajes de la Tailandia rural, los arrozales,
la gente trabajando, poblados locales por los que no se ve más extranjero que
nosotros, siendo como somos un poco ya medio locales, y bueno, si no medio, al
menos un poquito.

Llegamos a Chiang Rai a media
tarde convencidos de que esta ha sido una gran experiencia a repetir en un
futuro. Muchas rutas hay por el norte para pasar unos cuantos días al aire
libre descubriendo esta magnífica tierra: el loop de Mae Hong Son, Phayao, la
carretera que discurre paralela el Mekong y que desde Chiang Khong baja a
Chiang Kham. E incluso, por qué no, pasar al vecino Laos y continuar la ruta
por allí.
Esto será ya en nuevos
episodios de cara a la próxima temporada. De momento, vuelvo a viajar
reviviendo estos momentos contándolos y saboreando todos los instantes vividos,
que han sido muchos y muy buenos.
Hasta pronto.